En el Rรญmac de antaรฑo, cuando Malambo era sinรณnimo de jarana, cajรณn y barrio bravo, naciรณ una de las figuras mรกs potentes de la tradiciรณn popular: Bartola Sancho Dรกvila.
No era cualquier bailarina. Bartola salรญa de Malambo —territorio afroperuano por excelencia— donde la zamacueca no se aprendรญa en academias, sino en la vida misma: en las calles, en las fiestas, en la mรบsica que corrรญa como sangre en el barrio.
Cada aรฑo, para la Fiesta de Amancaes, el Rรญmac se ponรญa en movimiento. Desde Malambo, cuadrillas enteras subรญan hacia la pampa entre risas, guitarras y desafรญo. Y ahรญ, en medio de ese encuentro multitudinario, la zamacueca se volvรญa competencia, espectรกculo y orgullo.
Fue en ese escenario donde Bartola hizo historia.
La tradiciรณn cuenta que ganรณ tres veces los concursos de zamacueca en Amancaes, derrotando a otras grandes bailarinas y dejando al pรบblico rendido a sus pies. No era solo tรฉcnica: era presencia, era actitud, era ese “รกngel” que no se aprende.
Por eso el pueblo no dudรณ en nombrarla como la “reina de reinas”, un tรญtulo que no venรญa de jurados formales, sino del reconocimiento popular, el รบnico que realmente valรญa en esas fiestas.
Hablar de Bartola es hablar de Malambo, del Rรญmac y de la raรญz afroperuana que sostuvo la zamacueca antes de convertirse en marinera. Es recordar que estas celebraciones no eran postales turรญsticas, sino espacios vivos donde el barrio marcaba la pauta.
Hoy, su figura sigue presente como sรญmbolo de una รฉpoca en la que el Rรญmac no solo era escenario, sino protagonista de la cultura popular limeรฑa, y donde desde Malambo hacia Amancaes, se escribรญan historias que todavรญa resuenan.