Tras la llegada de los españoles, en las lomas de Amancaes
un viajero entregó una carta a una niña llamada Rosario, quien la hizo llegar a
su ama, doña Ricapac. La carta estaba dirigida al prior dominico y, al ser
leída, indicaba que debía levantarse una iglesia en el lugar donde apareciera
una imagen de Jesús grabada en piedra.
Motivados por este mensaje, se organizó una romería hacia
la Pampa, donde finalmente se halló la piedra con la imagen. Según la
tradición, al verla, la niña Rosario reconoció en esa imagen el rostro del
viajero que le había entregado la carta. A partir de este hecho, el 24 de junio
de 1582 se bendijo la Iglesia de San Juan Bautista, conocida como San Juan de
Amancaes por su ubicación en la pampa del mismo nombre, marcando el inicio de
esta tradición.
Crónicas de viajeros de la época señalan que este espacio
reunía a europeos, indígenas y población afrodescendiente, siendo además uno de
los primeros escenarios donde los afroperuanos mostraron su gastronomía,
aportando de manera decisiva a lo que hoy conocemos como cocina criolla. En ese
mismo ambiente festivo, y ante las restricciones coloniales sobre el uso de
tambores, la población afrodescendiente desarrolló formas propias de percusión
utilizando cajas de madera, dando origen al cajón peruano, instrumento que con
el tiempo se convertiría en símbolo fundamental de la música criolla.
1926 - Alcalde Juan Rios y Presidente Leguia
Años posteriores, la celebración dejó de realizarse de manera definitiva y el espacio de la antigua pampa de Amancaes fue progresivamente ocupado por el crecimiento urbano, quedando la fiesta como parte de la memoria histórica y cultural del Rímac.