Tras la llegada de los españoles, en las lomas de Amancaes
un viajero entregó una carta a una niña llamada Rosario, quien la hizo llegar a
su ama, doña Ricapac. La carta estaba dirigida al prior dominico y, al ser
leída, indicaba que debía levantarse una iglesia en el lugar donde apareciera
una imagen de Jesús grabada en piedra.
Motivados por este mensaje, se organizó una romería hacia
la Pampa, donde finalmente se halló la piedra con la imagen. Según la
tradición, al verla, la niña Rosario reconoció en esa imagen el rostro del
viajero que le había entregado la carta. A partir de este hecho, el 24 de junio
de 1582 se bendijo la Iglesia de San Juan Bautista, conocida como San Juan de
Amancaes por su ubicación en la pampa del mismo nombre, marcando el inicio de
esta tradición.
Desde entonces, la celebración tuvo un carácter religioso en
honor a San Juan Bautista, pero al mismo tiempo se convirtió en una de las
principales festividades populares de Lima durante el Virreinato. La festividad
se desarrollaba desde el inicio con el llamado Camino a Amancaes, que partía
desde la Alameda de los Descalzos. Desde allí, la población se dirigía hacia
la Pampa a pie, a caballo, en carrozas y, posteriormente, en automóviles,
haciendo del recorrido una parte esencial de la celebración.

En la pampa de Amancaes se vivía un ambiente festivo con
comida, bebida —como la tradicional chicha de Amancaes—, música y baile. En
estas mismas fechas florecía la emblemática flor de Amancaes, una flor de lomas
de intenso color amarillo que solo vive pocos días, lo que la hacía aún más
especial. Durante el Virreinato, muchas mujeres la recogían y se la llevaban
como trofeo de la jornada. La zamacueca fue la expresión predominante,
antecedente de la marinera, donde destacó la bailarina Bartola Sancho Dávila,
reconocida por ganar en tres ocasiones y considerada “reina de reinas”.
La Flor de Amancaes
Crónicas de viajeros de la época señalan que este espacio
reunía a europeos, indígenas y población afrodescendiente, siendo además uno de
los primeros escenarios donde los afroperuanos mostraron su gastronomía,
aportando de manera decisiva a lo que hoy conocemos como cocina criolla. En ese
mismo ambiente festivo, y ante las restricciones coloniales sobre el uso de
tambores, la población afrodescendiente desarrolló formas propias de percusión
utilizando cajas de madera, dando origen al cajón peruano, instrumento que con
el tiempo se convertiría en símbolo fundamental de la música criolla.
En 1928, el alcalde del Rímac, Juan Ríos, junto al
presidente Augusto B. Leguía, impulsaron el resurgimiento de la Fiesta de
Amancaes, incorporando concursos y actividades oficiales. En esta etapa se
escuchó por primera vez en Lima la música andina dentro de la festividad,
destacando entre los grupos ganadores una delegación de Huarochirí dirigida por
Julio C. Tello.
1926 - Alcalde Juan Rios y Presidente Leguia
Años posteriores, la celebración dejó de realizarse de manera definitiva y el espacio de la antigua pampa de Amancaes fue progresivamente ocupado por el crecimiento urbano, quedando la fiesta como parte de la memoria histórica y cultural del Rímac.
Hoy - Antigua Iglesia San Juan Bautista